Estudios Bíblicos
“Ser saciados”
“Ser saciados”

Fuera de Jesucristo, no hay agua verdadera para el hombre. Las personas podrán buscar en religiones humanas o filosofías del mundo, pero el único que da el agua pura que salta para vida eterna es Jesucristo. Él mismo declaró en Apocalipsis que nos daría a beber gratuitamente. Quien toma de esta agua verdadera se mantiene firme, porque el agua de Cristo da vida, restaura, sana y nos aclara la visión espiritual. Es por esta razón que no podemos permitir que los afanes de la vida ni las riquezas pasajeras apaguen nuestra pasión por beber de Su agua.
“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.” Isaías 55:1, RVR1960
Puedes escuchar la predicación de este mensaje.
Si prefieres la lectura, puedes leerlo en formato estudio bíblico.
“Si se humillare mi pueblo”
“Si se humillare mi pueblo”

La misericordia y la clemencia de Dios no deben convertirse en una excusa para pensar que todo está bien. Precisamente porque Dios es misericordioso, debemos responder a su llamado con un corazón humilde y dispuesto a cambiar.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra“. 2 Crónicas 7:14 (RVR1960).
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Todo acontecerá, de la misma manera a todos
Todo acontecerá, de la misma manera a todos

El cuerpo humano se desgasta, sí, pero la diferencia radica en que el cristiano va creciendo de gloria en gloria, porque el Espíritu Santo lo va regenerando espiritualmente. Si no suena la trompeta antes, todos tendremos que pasar por el umbral de la muerte. Pero lo glorioso para nosotros es que, como dice la Biblia, ya sea que vivamos o que muramos, somos del Señor.
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Jesucristo, el arca verdadera
Jesucristo, el arca verdadera

¡Diga conmigo, amén! Aprender a escuchar a Dios es el fundamento de nuestra vida cristiana. El creyente que sabe escuchar es aquel que toma esa semilla y la pone por obra. Si usted es hacedor de la palabra, déjeme decirle con toda certeza que jamás será engañado por el enemigo.
Ahora, siempre me he preguntado con asombro: ¿Quién habrá sido el último hombre que tuvo el privilegio de ver el Arca del Pacto física? Dios le dio órdenes precisas a Moisés sobre cómo construirla, sus medidas exactas, el material y el revestimiento. Aquella arca de madera recubierta de oro era el centro de la adoración en el Antiguo Pacto. Allí, en el Propiciatorio, descendía la gloria Shekinah de Dios.
“Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.” Éxodo 25:21-22 (Reina-Valera 1960)
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¿Hasta Cuándo?
¿Hasta Cuándo?

Amada iglesia del Señor, en el caminar de nuestra fe existe una interrogante profunda que, en algún momento de nuestra trayectoria, todos hemos exclamado desde lo más íntimo de nuestro ser. Es el grito desesperado del alma que siente que la prueba se extiende, que la respuesta se demora y que el opresor parece ganar terreno. Hoy abrimos nuestro corazón y las Escrituras para analizar este clamor bíblico y humano: “¿Hasta cuándo?”.
El verdadero creyente no se queda estancado en el pozo del “¿hasta cuándo?”. Hace una declaración de fe: “Mas yo en tu misericordia he confiado”.
El que confía en el Señor es como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre.
Aunque Dios parezca demorarse o tardar en contestar nuestra petición, aquellos que han puesto su confianza en Él saben que su clamor ya ha sido escuchado en las alturas.
David cambió el foco de su visión: dejó de mirar al enemigo que lo quería destruir y fijó sus ojos en la misericordia divina, decidiendo alabar y exaltar el Nombre de Dios en medio de la tormenta.
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“Veré la bondad De Dios, en la tierra de los vivientes”
“Veré la bondad de Dios en la tierra de los vivientes”

La confianza inquebrantable en la bondad, providencia y gracia transformadora de Dios en la vida terrenal del creyente, frente a la persecución, el miedo y la hipocresía religiosa.
Salmo 27:13 «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.»
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Mientras Cristo viene, ¿Cómo vivimos?
Mientras Cristo viene, ¿Cómo vivimos?

Este mensaje inicia con un ferviente reconocimiento de la bondad y soberanía de Dios en la vida de la iglesia, entonando el clamor pentecostal: ¡Maranata! (El Señor viene).
La predicación se fundamenta en el poder vivificante de la Sagrada Escritura, recordando a la congregación que la Palabra de Dios es la única autoridad capaz de hablar, redargüir, animar, enseñar y transformar al creyente de gloria en gloria. En un mundo saturado de voces discordantes, el creyente redimido a precio de sangre es llamado a centrar su mirada y su esperanza en la promesa infalible del retorno de su Salvador.
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